CATEQUESIS 2017 - 2018



Espíritu Misionero. La Eucaristía

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Fuente Aci prensa
Para San Agustín la Eucaristía es una figura de la pasión redentora de Jesús que efectúa la participación de los miembros de la Iglesia en la nueva vida de su cabeza, Cristo. Comentando el discurso del pan de vida (Jn 6) y la invitación de Cristo a comer su carne y a beber su sangre dice:
"Es un horrible delito esto que parece mandar; hay, por tanto, que ver aquí una figura, una invitación a comulgar con la pasión de Cristo y a imprimir en nuestra memoria el suave y benéfico recuerdo de su carne crucificada y muerta por nosotros."

Sobre la Doctrina Cristiana, III, 16, 24

La Iglesia debe comulgar con la pasión de Cristo no sólo por medio del acto exterior de comer y beber sino también por medio de la conciencia interior, y por eso hacerse ella misma enteramente sacrificio como resultado de su participación en el sacrificio por excelencia, el de Cristo. Por eso la Eucaristía representa no solamente el sacrificio único de Cristo en el Gólgota sino también el sacrificio espiritual hecho continuamente por los cristianos. El pan partido y el vino derramado asemejan estas cosas de las que son figuras o sacramentos: El cuerpo y la sangre entregados de Cristo y de los cristianos.
En la Eucaristía se unen orgánicamente el signo (La entrega de la Iglesia) y la realidad significada por el rito simbólico (El sacrificio de Cristo). Se trata de una totalidad: El acto sacrificial de Cristo muerto y resucitado lleva a su Iglesia en su movimiento hacia Dios. La Eucaristía es el signo sagrado por medio del que la entrega única de Cristo se hace cada día actual para ser vivida por los cristianos: La Iglesia es, junto a Cristo, la que ofrece la Eucaristía y la que es ofrecida en ella.
Cristo es él mismo el que ofrece y él mismo el don ofrecido. Ha querido que el sacramento de esta realidad sea el sacrificio cotidiano de la Iglesia que, siendo cuerpo de esta cabeza, aprende a ofrecerse ella misma por él.

La Ciudad de Dios, X, 20

San Agustín no quiere separar el sacrificio de Cristo del sacrificio cotidiano de la Iglesia. La liturgia eucarística está en función del Cristo total, unido para siempre a su Iglesia; glorifica a Cristo y a los santos, purifica y santifica la Iglesia en peregrinación hacia el reino y socorre a los fieles difuntos. En resumen: El sacrificio sacramental es símbolo real del sacrificio único de Cristo que redime a toda la creación y une a la Iglesia de modo especial con la redención, haciéndola una auténtica participante de ésta.
Presencia de Cristo y de la Iglesia
Quien recibe el misterio de la unidad y no tiene el vínculo de la paz no recibe un misterio salvador en favor suyo, sino un testimonio contra sí mismo. Si vosotros sois el cuerpo de Cristo y sus miembros entonces vuestro mismo misterio reposa sobre la mesa de la Eucaristía. Vosotros debéis ser lo que veis y debéis recibir lo que sois.

(Homilía 272)

No se puede estar unido con la cabeza de la Iglesia si no se está unido al cuerpo. Quién se separa de la única Iglesia celebra la Eucaristía no para su salvación sino para su ruina, más aún, no la celebra de hecho. Esto se debe a que, ya que están presentes en la Eucaristía tanto Cristo como la Iglesia, los dos son la materia de este sacramento. Por eso S. Agustín se niega a ver la presencia real de Cristo separada de la participación en ella de la Iglesia. Lo mismo que Cristo los miembros de la Iglesia están presentes en el pan y el vino consagrados.
S. Agustín no se interesa principalmente por la Eucaristía en sí misma, sino por su fin último: la unión de los cristianos con Cristo y entre ellos. La visión paulina del cuerpo de Cristo es el principio de la doctrina eucarística. Es fundamental la intención de subrayar la inclusión de cada cristiano en la unidad del cuerpo de Cristo. La finalidad de la celebración de la Eucaristía no es "estar delante" sino "estar dentro". Recibido el pan eucarístico, que es símbolo real de su unión con Cristo, los participantes no siguen siendo individuos, existen dentro de Cristo y están unidos los unos con los otros en el cuerpo místico de la Iglesia. La participación en la Eucaristía nos hace cuerpo de Cristo.
Unión de los cristianos con Cristo y entre ellos
"Vosotros sois los mismos hombres que erais, ya que no habéis traído caras nuevas. Y, sin embargo, sois nuevos: viejos por la apariencia del cuerpo, pero nuevos por la gracia de la santidad, y esto sí que es verdadera novedad. Así también como veis, esto todavía es pan y vino; pero llegará la consagración y aquel pan será el cuerpo de Cristo y aquel vino será la sangre de Cristo. Esto hace el nombre de Cristo; esto hace la gracia de Cristo: que la realidad parezca lo mismo que parecía y que, sin embargo, no valga aquello que valía."

Sermón del domingo de Pascua

San Agustín intenta profundizar en la significación del signo que representa la Eucaristía: La Iglesia como un estar dentro de Cristo y los otros. El fundamento de todo esto es la fe en la presencia real de Cristo en los signos sacramentales, el cambio del pan en su carne y del vino en su sangre.
Sin esta presencia real los cristianos no recibirían en la comunión la vida eterna. La unidad del cuerpo místico no es construida por los miembros sino comunicada por la cabeza, Cristo, en el don real y eficaz que hace de sí mismo por medio de la Eucaristía. En vez de sustituir el realismo de la presencia de Cristo, el realismo de la presencia de la Iglesia lo presupone y lo garantiza.
La Eucaristía es vista como un acontecimiento salvífico en el cual se participa para estar en contacto con la misma autodonación de Cristo que vivifica la Iglesia y la envía al mundo a la misión, dándole un anticipo de la comunidad y de la caridad sin fin que ya comienza a vivir en este mundo.

Espíritu Misionero. Dogmas Marianos.


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1. MARÍA MADRE DE DIOS. 
Es verdadera madre de Dios y es verdadera madre de Jesús nuestro Redentor, que es al mismo tiempo verdadero Dios y verdadero hombre.
Decir que MARÍA es verdadera Madre de Dios, significa que ella concibió y dio a Luz a la segunda persona de la Santísima Trinidad.
En el credo decimos: Jesucristo que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajo del Cielo y por obra del Espíritu Santo, se encarnó de Santa María virgen y se hizo hombre.
DOGMA DE FE
CONCILIO DE EFESO, AÑO 431; DEFINIÓ SOLEMNEMENTE:
“SI ALGUNO NO CONFESARE QUE EL EMMANUEL (CRISTO), ES VERDADERO DIOS Y QUE POR LO TANTO LA SANTÍSIMA VIRGEN ES MADRE DE DIOS, PORQUE PARIÓ SEGÚN AL VERBO DE DIOS HECHO CARNE”. SEA ANATEMA (Magisterio de la Iglesia, p. 993).
Los siguientes Concilios confirmaron esta doctrina: (D Z, Pág. 148).
CONCILIO DE CALCEDONIA, LEÓN I, (AÑO 435).
CONCILIO II DE CONSTANTINOPLA, VIRGILIO, (AÑO 553)
CONCILIO III DE CONSTANTINOPLA, AGATÓN, (AÑO 680)

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2. LA VIRGEN MARÍA ES INMACULADA. 

La Santísima Virgen María, en razón de su dignidad de Madre de Dios, fue desde el primer instante de su concepción “PRESERVADA DE TODA MANCHA” del pecado original. Esto es la ausencia de pecado, presencia de gracia santificante, virtudes y dones y ausencia de inclinación al mal es por esto también Inmaculada.

DOGMA DE FE:

EL PAPA PIÓ IX, EN LA BULA-INEFFABILIS-DEUS. EL 8 DE DICIEMBRE DE 1854.

Definió solemnemente el dogma de LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA.

Con estas palabras:

“DECLARAMOS, PRONUNCIAMOS Y DEFINIMOS, QUE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA EN EL PRIMER INSTANTE DE SU CONCEPCIÓN, FUE POR SINGULAR GRACIA Y PRIVILEGIO DE DIOS OMNIPOTENTE, EN PREVISIÓN DE LOS MÉRITOS DE CRISTO JESÚS SALVADOR DEL GENERO HUMANO, PRESERVADA INMUNE DE TODA MANCHA DE CULPA ORIGINAL, HA SIDO REVELADO POR DIOS, Y POR TANTO DEBE SER FIRME Y CREÍDO POR TODOS LOS FIELES”. (D Z. Pág. 1641).

(Es dogma de fe que el pecado Original, se transmite a todos los hombres por generación natural) CONCILIO DE TRENTO. (Paulo III 1534-1549).



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3. MARÍA SANTÍSIMA FUE SIEMPRE VIRGEN. 

La Iglesia enseña, este misterio y privilegio Mariano, con una fórmula tradicional:

VIRGEN ANTES DEL PARTO
VIRGEN EN EL PARTO
VIRGEN DESPUÉS DEL PARTO

El amor de Jesús a su madre, que le había ofrecido a Dios su Virginidad, hizo que los planes Divinos de Redención se realizasen respetando ese propósito de María. La Maternidad y Virginidad son dos Coronas que Dios quiso concederle.

La Virginidad Divina perpetua de María, es un milagro obrado por Dios y un privilegio concedido e íntimamente ligado al de la Maternidad Divina.
La Virginidad Divina: Esto significa que María dio a Luz a su Hijo sin menoscabo de su integridad corporal, y además que su parto fue sin dolor alguno, no le alcanzó el castigo que Eva recibió, “parirás a tus hijos con dolor” (Gn. 3, 16). El parto en consecuencia fue Milagroso y de carácter extraordinario.

DOGMA DE FE

Los Concilios y Declaraciones pontificias expresan con unanimidad esta Verdad

CONCILIO DE LETRÁN; AÑO 649. (DZ. p. 256)
PABLO VI, AÑO 1555 “CONSTITUCIÓN CUN QUORUNDAM”.
PABLO VI, AÑO 1968 “CREDO DEL PUEBLO DE DIOS”.
(CONCILIO VATICANO II, AÑO 1965, CONTITUCIÓN DOGMÁTICA, LUNEN GENTIUM, N° 16.


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4.- LA VIRGEN MARÍA FUE ASUMTA AL CIELO EM CUERPO Y ALMA.

Asunción significa que María fue llevada al Cielo en cuerpo y alma, por el Poder de Dios, a diferencia de la Ascensión de Jesús que lo hizo por su propio poder.

La Ascensión de María ocurre inmediatamente después del término de su vida Mortal, así pues la Asunción de María no debe esperar al final de los tiempos, como sucederá con todos los hombres. María sin pecado su cuerpo no sufriría la descomposición. Ella fue llevada en CUERPO Y ALMA, con todas las cualidades y dotes de los Bienaventurados e igualmente con todas las cualidades de los cuerpos Gloriosos.

DOGMA DE FE

PAPA PIÓ XII BULA MUNIFICENTISSIMUS-DEUS. 1 DE NOVIEMBRE 1950.

Proclamó solemnemente el Dogma de la Asunción, con estas palabras.

“PRONUNCIAMOS, DECLARAMOS Y DEFINIMOS, SER DOGMAS DE FE, DIVINAMENTE REVELADOS QUE LA INMACULADA, (1) MADRE DE DIOS, (2) SIEMPRE VIRGEN MARÍA, (3) CUMPLIDA EL CURSO DE SU VIDA TERRENA FUE ASUNTA, (4) EN CUERPO Y ALMA A LA GLORIA. (D Z. Pág.. 233) ESTÁN LOS CUATRO DOGMAS MENCIONADOS.

María icono perfecto de la Iglesia

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María está asociada a la obra salvífica en cuanto mujer. El Señor, que creó al hombre “varón y mujer” (cf. Gn 1, 27), también en la Redención quiso poner al lado del nuevo Adán a la nueva Eva. La pareja de los primeros padres emprendió el camino del pecado; una nueva pareja, el Hijo de Dios con la colaboración de su Madre, devolvería al género humano su dignidad originaria.

María, nueva Eva, se convierte así en icono perfecto de la Iglesia. En el designio divino, representa al pie de la cruz a la humanidad redimida que, necesitada de salvación, puede dar una contribución al desarrollo de la obra salvífica.

El Vaticano II no sólo presenta a María como la  Bienaventurada Virgen, por el don y la prerrogativa de la maternidad divina, con la que está unida al Hijo Redentor, y por sus singulares gracias y dones, está unida también íntimamente a la Iglesia. La Madre de Dios es tipo de la Iglesia, orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo.

Avanza el Plan G 2017- 2018 y las eucaristías vuelven al Templo Parroquial


Las obras que se están ejecutando en el interior del Templo Parroquial de Ntra. Sra. de Guadalupe, englobadas en el Plan G 2017- 2018 marchan a buen ritmo. El grueso de los trabajos ha sido realizado  desde el día 3 al 18 de julio de 2017. 
Las eucaristías se están celebrando de nuevo en el Templo Parroquial en los horarios siguientes:

* Martes, viernes y sábados a las 18:30 horas.
* Domingos a las 10:30 horas. 

Recordamos que se encuentra abierto el plazo de inscripción a la catequesis. En la sacristía se encuentran las hojas a cumplimentar. También se pueden descargar del mismo blog parroquial en el lado izquierdo del mismo. Estas deben ser entregadas antes del segundo fin de semana de septiembre 2017, en el buzón de la Casa Parroquial. 







Descarga el formulario de inscripción a la Catequesis 2017-2018 en Ntra. Sra. de Guadalupe

Inscripción para la Catequesis | Curso 2017 - 2018 
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Ntra. Sra. de Los Reyes visita las parroquias


La imagen de la Virgen de los Reyes llegó a El Mocanal en la noche del pasado sábado, 15 de julio, después de recorrer el camino entre La Concepción y San Pedro, dando por iniciado el recorrido por los pueblos de la Isla, en una jornada que había comenzado a las 10:00 horas con la Fiesta de El Cabo, que llevaba días preparando las tradicionales paradas, nueve, incluida la Eucaristía y almuerzo en Santiago. Comenzaba la Fiesta con la venia de los bailarines de la Villa de Valverde, acompañados por algunas parejas procedentes de otros pueblos.
Un día más tarde, el domingo 16, la Madre Amada recibía el homenaje de las gentes de los pueblos de Barlovento, en su tradicional recorrido por El Mocanal.
Salió la Virgen de los Reyes al mediodía, después de la tradicional venia de los bailarines de El Norte y la Eucaristía celebrada en la iglesia de San Pedro, vestida con perla y oro, cubierta con manto rojo y oro, en sencillas andas con bouquet de rosas rojas y blancas.
Saludó la Patrona en su recorrido a los mayores que salieron a su encuentro, en las puertas de sus viviendas o asomados a sus ventanas, momentos entrañables cargados de emoción, y alguna lágrima.
La procesión que duró más de cinco horas contó con las tradicionales paradas, en esta ocasión, dedicadas a las diferentes festividades que se celebran en esta zona de El Hierro, como el Corpus, la Peña, la Cruz o el Dulce Nombre de María, con corta vista a la Nuestra Señora de los Dolores, en el Caminito Pinto, antes de entrar en Tenesedra para girar el punto cardinal, enfilando nuevamente hacia San Pedro pasando por La Asomadita.
La Virgen de los Reyes prosigue sus visitas hoy lunes 17 de julio con su traslado desde la parroquia de S. Pedro de El Mocanal hasta la de la Consolación en Sabinosa. Un largo trayecto en el que la Madre Amada baja al Valle de El Golfo. Durante este recorrido, hasta tres pueblos tendrán la custodia de la imagen d la Virgen, que ya con la noche entrada se “sentará” en la Consolación a la espera del homenaje de los gaveteros.

Ser cristiano es una vocación (una llamada) al amor y la verdad





Por: Ramiro Pellitero | Fuente: http://iglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com/ 



Ser cristiano es una vocación (una llamada) al amor y la verdad. Si toda persona tiene esta llamada, el cristiano debe comprometerse con Dios para servir a las necesidades materiales y espirituales de todas las personas del mundo, comenzando por los que tiene más cercanos (su familia, sus amigos).

La encíclica Caritas in veritate, donde el término “vocación” (llamada) aparece en 25 ocasiones, afirma:

“Todos los hombres perciben el impulso interior de amar de manera auténtica; amor y verdad nunca los abandonan completamente, porque son la vocación que Dios ha puesto en el corazón y en la mente de cada ser humano”. Esa vocación universal al amor y a la verdad es manifestada por Jesucristo, que la libera de las limitaciones humanas y la hace plenamente posible.

En la medida de su respuesta a esa llamada –explica el documento–, “los hombres, destinatarios del amor de Dios, se convierten en sujetos de caridad, llamados a hacerse ellos mismos instrumentos de la gracia para difundir la caridad de Dios y para tejer redes de caridad”.

Puesto que toda llamada espera una respuesta, ¿cuáles serían las condiciones para responder a esta “vocación al desarrollo humano”? La encíclica señala tres condiciones principales: la libertad, la verdad y la caridad.

a) La libertad va siempre unida a la responsabilidad, palabra que viene de responder. Y deben responder a esa llamada –de Dios, del propio ser humano y de las personas necesitadas– cada cristiano y también las estructuras e instituciones sociales y eclesiales.

b) Responder al desarrollo humano con la verdad significa “promover a todos los hombres y a todo el hombre”. Con otras palabras: preocuparse por todos, con espíritu de solidaridad y corazón universal, y atender a todas las necesidades reales de los demás, las del cuerpo y las del espíritu. A este propósito el Evangelio es fundamental, porque enseña a conocer y respetar el valor incondicional de la persona humana. Cristo revela el hombre al propio hombre –señala el Concilio Vaticano II– y, así, le muestra que su valor es grande para Dios. Le muestra “el gran sí de Dios” a todos sus anhelos.

De aquí deduce el Papa que sólo abriéndose a Dios el hombre puede ser feliz y realizarse plenamente: “Precisamente porque Dios pronuncia el ‘sí’ más grande al hombre, el hombre no puede dejar de abrirse a la vocación divina para realizar –ante todo– el propio desarrollo” y contribuir al desarrollo de los demás.

c) Finalmente, “la visión del desarrollo como vocación comporta que su centro sea la caridad”. Las causas del subdesarrollo –se lee en la encíclica– no son principalmente materiales, sino que radican, primero, “en la voluntad que con frecuencia se desentiende de los deberes de la solidaridad”. Después, en el pensamiento, que no siempre sabe orientar adecuadamente a la voluntad (por eso se requiere configurar un “humanismo nuevo”). Y, sobre todo, la causa está en “la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos”.

Ahora bien –se pregunta Benedicto XVI–, ¿podrán los hombres lograr esta fraternidad por sí mismos, especialmente en nuestra era de la globalización? Y responde que no, porque la fraternidad nace de Dios Padre, que nos amó primero y nos enseñó mediante su Hijo lo que es la caridad fraterna. De ahí también –añade– que la vocación para el desarrollo requiere hoy la urgencia de la caridad de Cristo.

Sólo esa urgencia de la caridad permite responder a los aspectos concretos y costosos de esa llamada. Así es la intervención en la vida pública, cultural y política, cada cual según su condición. “Todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la pólis”. Otro aspecto es el cuidado y la responsabilidad por la naturaleza; y, antes, el cuidado respetuoso de cada persona en la familia, en la empresa, en la universidad, sabiéndose servidores y no dueños de los demás. Responder a esta vocación requiere del trabajo y de la técnica que de él procede. En todo caso, Benedicto XVI proclama la necesidad de formar “hombres rectos… que sientan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común”.

Finalmente, conviene subrayar que esta vocación no nos la hemos dado a nosotros mismos, sino que viene de Dios. Por eso, antes que nada, y continuamente, es preciso acoger a Dios en nuestra vida, dejarle entrar libremente y seguirle con toda fidelidad y entusiasmo. Ha llegado la hora –especialmente para los jóvenes y más aún para los universitarios– del compromiso con Dios y los demás. Pues “sólo si pensamos que se nos ha llamado individualmente y como comunidad a formar parte de la familia de Dios como hijos suyos, seremos capaces de forjar un pensamiento nuevo y sacar nuevas energías al servicio de un humanismo íntegro y verdadero”.

Oración por el Catequista


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Señor Jesús:

Aquí me tienes para servirte
y colocar a tus pies la labor en que estoy empeñado.
Tú me escogiste para ser catequista,
anunciador de tu Mensaje a los hermanos.
Me siento muy pequeño e ignorante,
soy a menudo inconstante,
pero sé que Tú me necesitas.
Gracias por confiar en mí, pequeño servidor tuyo.
Estoy pronto a cumplir esta hermosa tarea
con sencillez y modestia, amor y fe.
Quiero ser instrumento tuyo
para despertar en muchos hermanos:
cariño por tu persona,
confianza en tus promesas,
deseos de seguirte como discípulo.
Bendice día a día mis esfuerzos;
pon tus palabras en mis labios,
y haz que, en comunión con mis hermanos,
pueda colaborar en extender tu Reino.

María, tu que seguiste siempre con fidelidad
las huellas de tu Hijo,
guíanos por ese mismo camino.
Amén.

Espíritu Misionero. La liturgia, fuente de vida, de oración y de catequesis (CIC 1071 a 1075)

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Los numerales 1071-1075 del Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) se ocupan de la sagrada liturgia como fuente de vida y su relación con la oración y la catequesis. La liturgia es fuente de vida, sobre todo porque es “obra de Cristo” (CIC, 1071). En segundo lugar, porque "es también una acción de la Iglesia" (ibid.). Pero entre estos dos aspectos, ¿cuál es el más importante? Y además, ¿qué significa en este contexto la palabra "vida"?
Responde el Concilio Vaticano II: "De la Liturgia, sobre todo de la Eucaristía, mana hacia nosotros la gracia como de su fuente, y se obtiene con la máxima eficacia aquella santificación de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios, a la cual las demás obras de la Iglesia tienden como a su fin."(Sacrosanctum Concilium [SC], 10). Esto deja en claro que cuando a la liturgia se le llama fuente de vida, significa que de ella fluye la gracia. Con esto, se ha respondido a la primera pregunta: la liturgia es fuente de vida, sobre todo porque es obra de Cristo, Autor de la gracia.
Uno de los principios clásicos del catolicismo, sin embargo, dice que la gracia no anula la naturaleza, sino que la presupone y perfecciona (cf. Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I, 1, 8 a 2, etc). Por lo que el hombre coopera con el culto litúrgico, que es una acción sacerdotal del "Cristo total", es decir, de la cabeza, que es Jesús, y de los miembros, que son los bautizados. Por eso la liturgia es fuente de vida en cuanto es acción de la Iglesia. Así como es obra de Cristo y de la Iglesia, la liturgia es "acción sagrada por excelencia " (SC 7), que ofrece a los fieles la vida de Cristo y requiere su participación consciente, activa y fructuosa (cf. SC 11). Aquí se comprende también la ligazón de la sagrada liturgia con la vida de fe: se podría decir, "de la Vida a la vida." La gracia que nos es dada por Cristo en la liturgia nos llama a una participación vital: "La sagrada liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia" (SC, 9), sino que, "debe ser precedida por la evangelización, la fe y la conversión; sólo así puede dar sus frutos en la vida de los fieles: la Vida nueva según el Espíritu, el compromiso en la misión de la Iglesia y el servicio de su unidad”. (CIC, 1072).
No es casual que, al momento de recopilar los escritos litúrgicos de Joseph Ratzinger en un solo volumen, con el título Teología de la liturgia, se quiso transmitir una de las intuiciones fundamentales del autor al añadir el subtítulo: Fundamento sacramental de la existencia cristiana. Se trata de una traducción en términos teológicos de lo que dijo Jesús en el Evangelio con las palabras: "Sin mí no pueden hacer nada" (Jn 15,5). En la sagrada liturgia, recibimos el don de aquella vida divina de Cristo, sin la cual no podemos hacer nada válido por la salvación. Por eso, la vida cristiana no es más que una continuación, o el fruto de la gracia que se recibe en el culto divino, sobre todo en la Eucaristía.
En segundo lugar, la liturgia tiene una estrecha relación con la oración. Una vez más, el fulcro de la comprensión de esta relación es el Señor: " La liturgia es también participación en la oración de Cristo, dirigida al Padre en el Espíritu Santo. En ella toda oración cristiana encuentra su fuente y su término.» (CIC, 1073). La liturgia es, por lo tanto, fuente de oración. De ella aprendemos a orar de la manera correcta. Dado que la liturgia es la oración de Jesús, ¿qué podemos aprender de ella para nuestra oración personal? ¿En qué consistía la oración del Señor? "Para entender a Jesús son fundamentales las referencias continuas de que él se retiraba "al monte " y allí oraba toda la noche,"a solas" con el Padre. [...] Este "orar" de Jesús es un hablar del Hijo con el Padre, en el que están involucrados la conciencia y la voluntad humana, el alma humana de Jesús, de modo que la "oración" del hombre pueda convertirse en participación en la comunión del Hijo con el Padre "(J. Ratzinger/Benedetto XVI, Gesù di Nazaret, I, Rizzoli, Milano 2007, pp. 27-28). En Jesús, la oración "personal" no es distinta de su oración sacerdotal: según la Carta a los Hebreos, la oración sufrida de Jesús durante la Pasión "es la puesta en práctica del sumo sacerdocio de Jesús. Precisamente, en su grito, llanto y oración, Jesús hace lo que es propio del sumo sacerdote: Trae los afanes de los hombres hacia Dios. Presenta al hombre enfrente de Dios "(ibid., II, LEV, Città del Vaticano 2010, p. 184).


En una palabra, la oración de Jesús es una oración dialogante, una oración realizada en presencia de Dios. Jesús nos enseña este tipo de oración: "Es necesario mantener siempre esta relación viva y portar continuamente los eventos cotidianos. Oraremos tanto mejor, en cuanto lo profundo de nuestra alma esté orientada hacia Dios "(ibid., I, p. 159). La liturgia, por lo tanto, nos enseña a orar porque nos reorienta constantemente a Dios: "¡Levantemos el corazón!/ ¡lo tenemos levantado hacia el Señor!" La oración es estar dirigidos al Señor ,y esto es también el sentido profundo de la participación activa en la liturgia.



Por último, la oración es "el lugar privilegiado de la catequesis [...] procediendo de lo visible a lo invisible» (CIC, 1074-1075). Esto implica que los textos, signos, ritos, gestos, y los elementos ornamentales de la liturgia deben ser de tal modo, que transmitan realmente el Misterio que significan y puedan por lo tanto, ser explicados de modo útil en la catequesis mistagógica.


Espíritu Misionero. Decálogo para el Catequista



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I. Cuidar mi vocación de catequista con la oración y la formación permanente. 

II. Estudiar y amar la Palabra de Dios como fuente principal de la catequesis. 

III. Crecer en el amor a Cristo, a la Iglesia y a cada hermano.

IV. Desarrollar mi vida espiritual con la vivencia de los sacramentos y la participación activa a favor de la comunidad cristiana. 

V. Dar testimonio de Cristo en toda circunstancia. 

VI. Trabajar en común unión con los sacerdotes y mis hermanos en la fe. 

VII. Preparar con seriedad y creatividad todos los encuentros catequísticos. 

VIII. Participar con entusiasmo en los encuentros de formación, de oración y de programación de las catequesis. 

IX. Servir con humildad y respeto, confiando más en la acción del Espíritu Santo que en mis méritos. 

X. Revisar y purificar mis motivaciones para evitar la rutina y la autosuficiencia.

La promoción de la Catequesis


Un reto en la tarea diaria que desempenias como catequista


Por: Mayu Dollero, Educadora en la Fe, Mexico, D.F. | Fuente: Tiempos de Fe, Anio 3 No. 14, Enero - Febrero 2001 






¿Cómo hacer que mi promoción sea efectiva? ¿Cómo poder llevar la palabra de Dios? ¿Cómo poder llegar a más lugares? ¿Cómo contagiar y aumentar el número de catequistas? ¿Cómo participar activamente en la Nueva Evangelización?
Trataremos de responder todas estas preguntas dentro del marco de los retos y desafíos que se nos presentan en una época donde los cambios se dan rápidamente y la globalización ha traído como conse­cuencia que rompan las barreras de tiempo y espacio.
La forma de impartir la catequesis no puede quedar fuera de este con­texto, por lo cual, es urgente aplicar toda nuestra creatividad y adaptar nuevas formas y métodos para propagar la fe y la vida cristiana.
Aprovechar los avances tecnoló­gicos, así como, los procedimientos y apoyos existentes y lograr subsa­nar y ponernos al día mediante el recuerdo de situaciones como que el estado optó por la educación laica, las consecuencias post conci­liares (Vaticano II) así como el desarrollo vertiginoso de las sectas.
Al acelerar la acción catequizadora, nos he­mos encontrado con una serie de obstáculos de tipo: económicos, la capacitación, la supervisión y la motivación, ha traído como consecuencia que la calidad de la evangelización en todos los casos sea óptima, ya que la calidad de la evangelización depende de la calidad de los evangelizadores. Esto ha traído deficiencias que han repercuti­do también en la vida cristiana, por lo cual es urgente compensar estas carencias a través de una catequesis profesional con la cual se apoye en la tarea, al reducido número de sacer­dotes y que ellos se dediquen más a su labor ministerial, siendo más orientados al trabajo pastoral que al administrativo.


Los catequistas deben vivir con una actitud misionera-apostólica: deben salir a buscar a las ovejas.
Los métodos deben ser adaptados a características como la edad y la cultura de las personas, tratando siempre de fijar en la memoria, la inteligencia y el corazón las verdades esenciales que deberán impregnar la vida entera.
A manera introductoria en este artículo intentaremos definir los papeles del catequista y del promotor para buscar que sean uno mismo -catequista que promueva-.
Existen básicamente dos tipos de promotores:
1. Aquellos que buscan los números y servirse ellos que mueven a los demás por el solo hecho de hacerlo
2. Aquellos que buscan el resultado y servir a los demás y moverlos entregándoles razones, ejemplos y conveniencia de vivir una vida cristiana la cual lleva implícita la promoción de la fe.
La diferencia esencial entre am­bos se encuentra dada en lo que cada uno busca.
Un promotor de la fe debe ser por fuerza un catequista, por lo que es muy importante tener claro lo que un catequista es, lo que a continuación recordaremos:
1. Testigo de la Feporque su testi­monio se asemeja al profeta, sus palabras y acciones deben presen­tar el mensaje de Dios al pueblo. Si el catequista es dócil a la palabra de Dios y la transmite con fidelidad, es Dios quien habla por el, se convierte en instrumento.
2. Apóstol de la Palabra, su misión no la realiza por la sola decisión personal, sino que la gracia de Dios es quien lo envía. Todo cristiano debe evangelizar y transmitir el mensaje de Dios, con sus palabras y/o con sus obras.
3. Evangelizador, su misión es transmitir el evangelio y difundir los valores del evangelio con su palabra y testimonio.
4. Educador, no solo transmite información, sino trata de configu­rar virtudes y actitudes de sus discípulos de acuerdo con un modelo: El hombre nuevo que presenta el Evangelio.
5. Traductor, su tarea es hacer comprensible y accesible el len­guaje del evangelio.
El éxito de la promoción de la catequesis esta en el conoci­miento y entrega amorosa de la tarea, sin embargo no solamente esto es necesario, es importante también apoyarnos en una metodología, la cual iremos revisando en capítulos posteriores.

Memoria de los Mártires de Tazacorte. Discípulos del Señor

MEMORIA DE LOS MÁRTIRES DE TAZACORTE


El próximo día 15 de julio la liturgia de la iglesia en las dos diócesis de Canarias celebra la memoria de los Mártires Tazacorte, conocidos en otros lugares como mártires del Brasil. 40 jesuitas que de camino América dieron la vida en las aguas de La Palma.
En la parroquia de S. Miguel, Tazacorte, se celebrará la eucaristía el día 15 de julio a las 19.30 horas, seguida de procesión.
A menos de un siglo de la conquista y evangelización de América había partido para Brasil nuestro paisano S. José de Anchieta. El padre Ignacio de Acevedo que había nacido en Oporto fue enviado en 1566 para Brasil como visitador encontrándose allí con el padre Anchieta y regresó con la convicción de de pedir tanto al Prepósito general de la Compañía de Jesús San Francisco de Borja como el Papa San Pío V más misioneros para evangelizar Brasil. Al despedirse del padre Anchieta, éste se le abrazó y le apretó contra su pecho corriendo unas lágrimas por sus ojos. Anchieta pensaba que aquel adiós sería definitivo y para siempre vaticinando su martirio.
En la visita al Papa éste le regalo una copia del cuadro de la Virgen que había pintado San Lucas y también la reliquia para las nuevas iglesias. Tres barcos partieron desde la costa de Portugal hasta Madeira y ahí se quedaron varios días. Uno de los barcos partido hasta la isla de la Palma porque tenía que dejar una mercancía. Pero llegando a esta se encontraron con un mal tiempo que les obligó a refugiarse en la costa oeste desembarcaron en la costa de Tazacorte con la sorpresa de encontrarse con el hacendado dos Melchor de Monteverde amigo de infancia de Ignacio de Acevedo.
El 13 de julio de 1570 celebraron la eucaristía en la ermita de San Miguel en la cual cuando el padre Ignacio fue a asumir el cáliz tuvo la premonición del martirio, dejando impresa la marca de su diente.
A pesar de los intentos de don Melchor de Monteverde de que fueran por tierra a Santa Cruz de la Palma para dejar la mercancía por el temor de los piratas hugonotes, Ignacio de Acevedo declinó tal posibilidad: “Hermanos míos, guardémonos bien de guiarnos aquí por sugestiones de la prudencia humana. Es Dios quien nos ha guiado hasta este día”.
El martirio sucedió “a vista del puerto” el 15 de Julio de 1570. Sta Teresa, que era pariente del beato Enrique Pérez Godoy, tuvo una visión de los mártires subiendo al cielo. Fueron beatificados por el papa Pío IX.