Biografía del primer santo canario y patrono de la Misión

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Biografía del primer santo canario

En Vilaflor, a la sombra del volcán del Teide, nace Pedro de Betencourt; hijo de Amador y de Ana. Fue bautizado en la Parroquia de San Pedro Apóstol de Vilaflor el 21 del mismo mes, como acredita su partida bautismal conservada en el correspondiente archivo parroquial: “En veinte y uno de marzo de mil seiscientos y veintiséis, yo el P. Perera bauticé a Pedro, hijo de Amador González y Ana García: fueron padrinos Pedro Nicolás y Ana Fabiana. Tiene óleo y crisma. Y lo firmé: P. Perera”.
 El Santo Hermano Pedro de San José de Betancur nace en Vilaflor de Chasna, población del sur de la Isla de Tenerife el 19 de marzo de 1626 y muere en Guatemala el 25 de abril de 1667. Hijo de pastores y agricultores, tuvo la gracia de ser educado por sus padres profundamente cristianos; tuvo cuatro hermanos: Mateo, Pablo de Jesús, Catalina y Lucía. De ellos, Mateo se vino a América, posiblemente a Ecuador; Pablo de Jesús se trasladó a La Orotava, Tenerife, muriendo a avanzada edad; Catalina, la hermana mayor, se casó y vivió en Garachico, hasta su muerte; y Lucía, la menor, se hizo monja.
La niñez de Pedro transcurrió en los bellos parajes de Vilaflor de Chasna, tranquila y alejada del mundo. Era un niño modesto, callado, tal vez un poco retraído, pero de constitución fuerte por sus trabajos en el campo. Desde muy pequeño tuvo predilección por las cosas de Dios, orando todo el tiempo, incluso cuando estaba en el campo cuidando las cabras de su padre.
La familia Betancur no poseía dinero, eran de abolengo pero de pocos recursos. Su padre tenía tierras y cabras, que perdió en manos de un usurero, habiendo aceptado que Pedro, entonces de 12 años, entrara al servicio de tal persona como condición para recuperarlas. Varios años estuvo Pedro en esta condición, que desempeñó con toda humildad y fidelidad.
A los 23 años abandonó su nativa Tenerife y, después de 2 años, llegó a Guatemala, tierra que la Providencia había asignado para su apostolado misionero.
Apostolado en Guatemala
Apenas desembarcado en el Nuevo Mundo, una grave enfermedad lo puso en contacto directo con los más pobres y desheredados. Recuperada inesperadamente la salud, quiso consagrar su vida a Dios realizando los estudios eclesiásticos pero, al no poder hacerlo, profesó como terciario franciscano en el Convento e Iglesia de San Francisco (Antigua Guatemala), con un bien determinado programa de revivir la experiencia de Jesús de Nazaret en la humildad, la pobreza, la penitencia y el servicio a los pobres.
En un primer momento realizó su programa como custodio y sacristán de la Ermita del Santo Calvario, cercana al convento franciscano, que se convierte en el centro irradiador de su caridad. Visitó hospitales, cárceles, las casas de los pobres; los emigrantes sin trabajo, los adolescentes descarriados, sin instrucción y ya entregados a los vicios, para quienes logró realizar una primera fundación para acoger a los pequeños vagabundos blancos, mestizos y negros. Atendió la instrucción religiosa y civil con criterios todavía hoy calificados como modernos.
Construyó un oratorio, una escuela, una enfermería, una posada para sacerdotes que se encontraban de paso por la ciudad y para estudiantes universitarios, necesitados de alojamiento seguro y económico. Fue el primer alfabetizador de América. Recordando la pobreza de la primera posada de Jesús en la tierra, llamó a su obra «Belén».
La Orden Bethlemita

Otros terciarios lo imitaron, compartiendo con el Santo penitencia, oración y actividad caritativa: la vida comunitaria tomó forma cuando el Santo escribió un reglamento, que fue adoptado también por las mujeres que atendían a la educación de los niños; estaba surgiendo aquello que más tarde debería tener su desarrollo natural: la Orden de los Bethlemitas y de las Bethlemitas, aun cuando éstas sólo obtuvieron el reconocimiento de la Santa Sede más tarde.

El Hermano Pedro se adelantó a los tiempos con métodos pedagógicos nuevos y estableció servicios sociales no imaginables en su época, como el hospital para convalecientes, el primero de este tipo en el mundo. Sus escritos espirituales son de una agudeza y profundidad inigualables.
Uno de sus mayores deseos fué el volver a su tierra y hacer una peregrinación al Santuario de la Virgen de Candelaria por la que sentía una gran devoción desde su infancia y que de hecho es la patrona de las Islas Canarias. Sin embargo, el Santo Hermano Pedro no vería cumplido su deseo debido a su muerte repentina.
Muerte y Proceso de Canonización

Muere el 25 de abril de 1667, apenas a los 41 años. Sus restos se encuentran en la Iglesia de San Francisco en la Antigua Guatemala donde es visitado por miles de fieles todos los años. El 2 de mayo de ese año llega a Guatemala la Real Cédula, que doña Mariana de Austria, Reina Gobernadora, regente de Don Carlos II, había expedido el 10 de noviembre de 1666 otorgando la autorización para la fundación del Hospital de Belén.

El proceso para la canonización del Santo Hermano Pedro de Betancur llevó aproximadamente 350 años. El proceso se inicia formalmente en 1698, aunque se venía recopilando información sobre la vida, muerte y virtudes del Hermano Pedro desde un año después de su muerte. El Papa Clemente XIV lo declaró Venerable, el 25 de julio de 1771.
La supresión de la rama masculina de la Orden Betlemita, en 1820, la falta de dinero y la ausencia de milagros testificados por médicos y testigos presenciales hicieron que la causa se detuviera por mucho tiempo, siendo reactivada completamente en la década de los años ´60 del siglo XX.
En 1974, se presenta al Papa Pablo VI la solicitud para que beatificara a cinco venerables, entre ellos al Hermano Pedro, en vía excepcional por “fama miraculorum”. Cuatro años más tarde, Juan Pablo I se declaró de acuerdo con el modus procedendi de la causa, indicado por Pablo VI. Igualmente Juan Pablo II declaró favorable las disposiciones de sus predecesores y, el 22 de junio de 1980, beatificó al Hermano Pedro, en procedimiento extraordinario.
A más de tres siglos de distancia, la memoria del «hombre que fue caridad» es sentida grandemente, viva y concreta, en Tenerife, en Guatemala y en todos los lugares donde se conoce su obra. El papa Juan Pablo II canoniza al Hermano Pedro el 30 de julio de 2002 en la Ciudad de Guatemala, durante su Tercera Visita al país centroamericano. Este viaje apóstolico también incluyó Canadá y México, país este último donde canonizó a Juan Diego Cuauhtlatoatzin, vidente de las apariciones de la Virgen de Guadalupe en 1531. De esta manera el Hermano Pedro se convirtió en el primer santo de las Islas Canarias, en el primer santo de Guatemala y en el primer santo de Centroamérica.
La capilla de su casa natal

Sus hospitales se extendieron por Hispanoamérica y se puede decir que fue la única orden originada en el Nuevo Mundo durante el dominio español. En 1722 uno de sus miembros, Fray Ambrosio de San Patricio, intentó fundarla en el lugar de su nacimiento con el apoyo del Cabildo. Pero fracasó por los obstáculos de la burocracia regia, a pesar de la real Cédula de 1725 que la permitía. Un nuevo intento en 1759 para renovarla se vio obstaculizado de nuevo, esta vez por la orden jesuita y el consejo de Castilla. De esos intentos quedó el testimonio de la capilla que se trató de erigir desde 1756 en el lugar donde hoy la veremos. La obra debió de abandonarse entre 1767 y 1771, quedando inacabada. Se levantaron los muros hasta por encima del arco de ingreso de sus pies. Es toda ella de piedra de sillería con relleno de la pared de mortero fuerte de piedras cortadas. Su arco de medio punto se levanta con pilastras de ancho de toro. El de la Epístola es más sencillo con pilastras de media caña. En su interior se encuentran también apoyándose en los tramos de la pared.

La orden masculina se extinguió en el siglo XIX, quedando la femenina, que no había existido en la época colonial. En 1838 tomó el hábito de la Orden la Madre María Encarnación del Corazón de Jesús. Ella inicia una labor de reforma y consolidación de lo poco que quedaba de la familia bethlemita, que era una comunidad de religiosas. Le da un gran impulso que llega a extenderse por muchos países. La Madre Encarnación fue beatificada por el Papa Juan Pablo II el 4 de mayo de 1997.
Actualmente, las Hermanas Bethlemitas siguen ejerciendo su misión apostólico – caritativa en América, Italia, La India y España. En 1984, cuando sólo faltaban seis años para la extinción canónica de la orden, el canónigo de La Laguna, Don Luis Álvarez García, logra con varios jóvenes la restauración de la Orden Bethlemita en su rama masculina. En 1987 abre una casa en La Laguna con jóvenes guatemaltecos. Actualmente, los Hermanos de Belén, desarrollan una encomiable labor caritativa en beneficio de los más desfavorecidos, siguiendo de cerca las huellas del Hermano Pedro, su Santo Fundador.
El Hermano Pedro fue beatificado solemnemente el 22 de junio de 1980, en un acontecimiento de incalculable valor pastoral y eclesial. Años después, aceptado un milagro realizado en su tierra natal, Juan Pablo II canoniza al Beato Pedro de San José de Betencourt en la Ciudad de Guatemala el 30 de julio de 2002, en una emotiva ceremonia entre el júbilo de los pueblos guatemalteco y canario.
Fuente: ‘Guía municipal de Vilaflor’. Edita Ayuntamiento de Vilaflor de Chasna

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