
“Nos duele la situación inhumana en que viven la mayoría de los presos, comunes y políticos, acrecentado este dolor con la pena de que el sistema penitenciario ni siquiera nos permite visitarlos”, dijo.
El Prelado precisó que si bien “la Iglesia no tiene como tarea propia el cambio directo de las estructuras sociales y políticas” sino “el anuncio del Evangelio”, resulta una “consecuencia inmediata de ese anuncio, el discernimiento de su identidad y misión a partir de una opción explícita por el pueblo pobre y su cultura”.
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