Entre la vida y la muerte


¿Alguna vez has vivido estar en un espacio donde la vida y la muerte lidian por llevarse el protagonismo? En la batalla de la que te hablo no hay intereses comerciales ni una excusa para pintarse cicatrices, aunque sí haya bastante de heridas y motivos para el dolor.

Ayer presencié una de estas luchas. Fuera, más de 15.000 personas celebrando: música, vítores, medallas… Y dentro, tan solo separado por una lona, un grupo reducido de gentes cuyos gestos no eran de fiesta, sino que su voz y sus movimientos buscaban que un corazón volviera a latir. Tiempo que deja de tener horas, y que sólo se concreta en segundos; en cada segundo que esa figura de muerte danza con la vida, en un baile del que el verdadero protagonista está tumbado en el suelo decidiendo a cuál de las dos aferrarse.

Pero también me pasa a veces, no sé si también a ti, que esa lona que separa luz y sombra, ruido y silencio, risas y llanto, gentes y soledad… es mi propia piel. Y fuera puede estar la vida cantando, que por dentro, cada latido duele.
¿Elijo a quién agarrarme? ¿Me acomodo en la oscuridad a la espera de la muerte completa? Pues a veces, sería más cómodo… pero hasta ahora, siempre me ha pasado que la experiencia de Vida se cuela en la tiniebla. Que Dios es ese 'ese grupo' de gentes que no dejan que mi corazón se pare y que poco a poco, como en una UCI en lo cotidiano, las pequeñas alegrías, los rostros e historias que se me regalan, se convierten en dosis de esperanza.
He ahí el Reino, con la historia (mía y de cada ser humano) alentada por el Espíritu del Dios que da Vida.

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