
18. A la continua aceleración de los cambios de
la humanidad y del planeta se une hoy la intensificación de ritmos de vida y de trabajo, en eso
que algunos llaman «rapidación». Si bien el cambio es parte de la dinámica de los sistemas complejos, la velocidad que las acciones humanas le
imponen hoy contrasta con la natural lentitud de
la evolución biológica. A esto se suma el problema de que los objetivos de ese cambio veloz y
constante no necesariamente se orientan al bien
común y a un desarrollo humano, sostenible e integral. El cambio es algo deseable, pero se vuelve
preocupante cuando se convierte en deterioro
del mundo y de la calidad de vida de gran parte
de la humanidad.
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