
Hoy en día quizá no utilicemos piedras minerales, pero empleamos otro tipo de “piedras” que también dejan heridas e incluso pueden “matar” a quien las recibe: difamaciones, críticas, burlas, conclusiones que damos por seguras, desprecio, rechazo… En ciertos casos, esto se amplía a comentarios en redes sociales, que llegan a ser muy crueles y despiadados y resultan ya imborrables.
El domingo pasado hablábamos de que se ha debilitado la conciencia de pecado en la sociedad en general, y también entre quienes somos y formamos la Iglesia. Y esta semana vemos que, siendo sinceros, estamos siempre más predispuestos a denunciar y condenar el pecado en los otros que en nosotros mismos, y que no lo pensamos mucho a la hora de “tirar piedras”.
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