GUADALUPE
HOGAR DE MARÍA, CASA DE SANACIÓN
El santuario y monasterio de Guadalupe, con sus más de siete siglos de fe, devoción mariana y cultura, ha sido uno de los destinos preferidos de un buen número de peregrinos, viajeros, visitantes, turistas e ilustres personajes de la historia de España desde el siglo XIV y hasta la actualidad.
Desde que fundase la Puebla y monasterio, Alfonso XI, la práctica totalidad de los reyes de Castilla tenían por tradición acudir a este lugar, la cual también se extendió a la casa de Austria y se perdió, entre los siglos XVIII y XIX con la llegada de los Borbones, siendo recuperada la misma por Alfonso XIII. Pero, sin duda alguna, la mayor vinculación real, por el número de veces que vinieron hasta Guadalupe y por su apego, fue precisamente la de los Reyes Católicos.
Miguel de Cervantes, tras su liberación del cautiverio de Argel quiso acercarse a este santo lugar para ofrecer a la Virgen las cadenas del cautiverio. Lo hizo en el año 1580, época en la que la basílica contaba con un espacio reservado para los grilletes de liberados.
Miguel de Unamuno llega a Guadalupe en junio de 1908, publicando tres años más tarde los recuerdos del viaje en su libro Por Tierras de España y Portugal.
También hay documentación que acredita que también estuvieron en Guadalupe Iñigo López de Mendoza, (Marqués de Santillana), Luis de Góngora, Félix Lope de Vega Carpio, Vicente Barrantes Moreno, Antonio Reyes Huertas, Rafael Alberti, José María Pemán y muchos otros.
Pero, sobre todo, no faltaron almas que, entregadas al cumplimiento de la voluntad de Dios, alcanzaron la santidad.
Santos como Vicente Ferrer que peregrinó al monasterio a finales del siglo XIV. Santa Beatriz de Silva, y los tres juanes: San Juan de Ávila, San Juan de Dios y San Juan de Ribera, pasaron por el santuario allá por el siglo XV. También Santa Teresa de Jesús peregrinó al santuario en 1548 para encomendar su reforma del Carmelo a la Morenita de Las Villuercas. En el mismo siglo, San Francisco de Borja y San Pedro de Alcántara. Ya en 1867, San Antonio María Claret estuvo dos días en Guadalupe.
No podemos olvidar a uno de los últimos peregrinos ilustres a este santuario, el Papa Juan Pablo II, que se postró a los pies de la Reina de la Hispanidad en Guadalupe el día 4 de noviembre de 1982.
Él mismo que, tuvo a la Virgen como fuerte pilar de su vida y se sintió acompañado y protegido por su maternal cuidado, nos señala a María como modelo de santidad para la Iglesia: “Así pues, la Iglesia contempla a María. No sólo se fija en el don maravilloso de su plenitud de gracia, sino que también se esfuerza por imitar la perfección que en ella es fruto de la plena adhesión al mandato de Cristo: «Sed, pues, perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial» (Mt 5, 48). María es la toda santa. Representa para la comunidad de los creyentes el modelo de la santidad auténtica, que se realiza en la unión con Cristo. La vida terrena de la Madre de Dios se caracteriza por una perfecta sintonía con la persona de su Hijo y por una entrega total a la obra redentora que Él realizó”.
Esta Peregrinación virtual hasta Guadalupe, debe ser un estímulo para iniciar un itinerario interior que nos lleve hasta la meta de la santidad. Todo un reto, una magnifica aventura que, nos llevará al encuentro con Cristo y con María, que obrarán en nosotros el milagro de un corazón nuevo, de una vida nueva, como bellamente nos señalan nuestro Arzobispo y los obispos de las demás diócesis extremeñas en su Carta pastoral con motivo del Año Jubilar Guadalupense: “Queridos amigos: pongámonos en marcha; dejemos que la medicina de la gracia que nos trae el Espíritu Santo cure tantas cicatrices que todavía arrastramos; acudamos a la Santísima Virgen, la Enfermera celestial que aplicará en todas ellas el bálsamo de la misericordia prescrito por el Médico divino de nuestras almas, Jesucristo vivo y resucitado. No temamos dejar que las heridas del corazón, producidas a causa de nuestros pecados, expulsen el pus que nos gangrena el corazón y lo pone a punto de infarto; dejemos que el Señor nos dé «un corazón nuevo y un espíritu nuevo» (cfr. Ez 36,26).
En el camino, como en la vida, siempre habrá ríos caudalosos que cruzar. En el año 1389, el Arzobispo Toledano, Don Pedro Tenorio mandó construir un puente de piedra sobre el río Tajo para facilitar el paso de los peregrinos que se dirigían a Guadalupe (origen de la Villa de El Puente del Arzobispo). La imagen del puente es imagen perfecta del papel de la Virgen en nuestras vidas: Por María a Jesús. Ella es puente de oro que nos lleva a Dios
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