Espíritu Santo:
que nos reúnes en pueblo de amor.
Inspira nuestra vocación laical,
para que anunciemos a Jesús con fidelidad, y crezcamos, junto con nuestros pastores y la vida consagrada,
en comunión y sinodalidad.
Orienta nuestros pasos
para avanzar en la construcción de una Iglesia en la que los laicos nos sintamos corresponsables y protagonistas de la misión evangelizadora.

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