Por Antonio José López Serrano
Periodista, profesor y miembro de ACG de Valladolid

Laicidad y laicismo son dos términos que escuchamos de manera frecuente. Laicidad define el mutuo respeto entre Iglesia y Estado fundamentado en la autonomía de cada parte, en la que ambas pueden hacer sus aportaciones. Este término tiene su contravalor laicismo, es decir hostilidad o indiferencia contra la religión.
No es extraño que alguna vez en nuestra vida nos hayamos encontrado sumergidos en una discusión con interlocutores que defendían la limitación de la Iglesia en sus manifestaciones públicas, o lo que es lo mismo, su reclusión forzosa de la Iglesia y de los cristianos al ámbito de lo privado. Es decir, opinan que la Iglesia no debe estar en escuelas (no a la clase de religión y no a la concertada).
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