Quiero ser, Padre, tus manos,
tus ojos, tu corazón.
Mirar al otro como Tú le miras:
con una mirada rebosante
de amor y de ternura.
Mirarme a mí, también,
desde esa plenitud
con que Tú me amas, me llamas y me
envías.
Lo quiero hacer desde la experiencia
del don recibido
y con la gratuidad de la donación
sencilla y cotidiana
al servicio de todos, en especial de
los más pobres.
Envíame, Señor,
y dame constancia, apertuira y
cercanía.
Enséñame a caminar en los pies del
que acompaño
y me acompaña.
Ayúdame a multiplicar el pan y curar
heridas,
a no dejar de sonreír y de compartir
la esperanza.
Quiero servir configurado contigo en tu
diaconía.
Gracias por las huellas de ternura y
compasión
que has dejado en mi vida.
En tu Palabra encuentro la Luz
que me ilumina.
En la Oración, el Agua que me fecunda
y purifica.
En la eucaristía, el Pan que fortalece
mi entrega y me da Vida.
Y en mi debilidad, Señor, encuentro tu
fortaleza cada día.
Amén.
Fuente: Gozos y retos del voluntariado vivido como vocación. Vicente Altaba.
Fuente: Gozos y retos del voluntariado vivido como vocación. Vicente Altaba.

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