Compartir el pan: atención y acompañamiento pastoral a católicos divorciados vueltos a casar


Fuente: Iglesia en Valladolid. 




4-2-2016 - La última de las tres conferencias de la Semana dedicada a profundizar en "Los retos de la familia en la Iglesia y en la sociedad actual, organizada por el Instituto fe y Desarrollo en la Sala Borja de Valladolid se tituló: "Compartir el pan: prudencia y audacia en la atención y acompañamiento pastoral a católicos divorciados vueltos a casar" y la pronunció Pablo Guerrero, jesuita, psicólogo y profesor de Teología Pastoral.
La Compañía de Jesús celebró desde el 1 de febrero, una semana dedicada a profundizar en Los retos de la familia en la Iglesia y en la sociedad actual, precisamente cuando la situación de la familia ha protagonizado las dos últimas asambleas del sínodo de los obispos -la extraordinaria de 2014 y la ordinaria de 2015-. Organizada por el Instituto de Fe y Desarrollo de los jesuitas de Valladolid, tres ponentes abordaron los distintos aspectos de la realidad de la familia. Los tres son profesores de Teología de la Universidad Pontificia Comillas y coautores del libro colectivo La familia a la luz de la misericordia, publicado por Sal Terrae recientemente. Los tres, Carmen Peña, Javier de la Torre y Pablo Guerrero SJ, junto a otros autores tratan de articular “una nueva mirada” a la doctrina familiar y matrimonial con palabras que guardan equilibrio entre corazón y reflexión. “Una mirada que no prescinde de la doctrina eclesial sobre el matrimonio y la familia, pero que incorpora de modo decidido la misericordia como factor primordial”.
Con la incorporación de la misericordia como clave vertebradora de esta nueva mirada, sus aportaciones giran en torno a tres claves. La primera de ellas es la conciencia de que la aplicación automática, sin mayor discernimiento ni acomodación, de la actual doctrina genera, en ocasiones, situaciones “no precisamente acordes con el sentido común, el sentido pastoral y el sentido del evangelio”. En segundo lugar, la necesidad de un cambio en la comprensión del sacramento del matrimonio de un carácter estático a una visión más gradual y dinámica, “que tenga más presente la realidad dinámica que somos las personas humanas, junto con nuestra fragilidad”. Y por último, que la Iglesia sea percibida como casa de misericordia y acogida, especialmente por parte de quienes más la necesitan y más sufren.

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