El pasado 28 de de noviembre, de 19:00 a 21:30 horas, en la capilla del Hogar Santa Rita, Puerto de la Cruz, tuvo lugar el Retiro de Adviento correspondiente al arciprestazgo de la Orotava. En esta ocasión, el mismo fue dirigido por el sacerdote Don Andrés González Plaza, párroco de Ntra. Sra. de la Paz y San Amaro.
Así pues el tiempo de Adviento se abrió ante nosotros como un camino de gracia y de renovación. Este año, en el marco del Jubileo 2025, somos invitados a recorrerlo con un corazón atento y fraterno, dejando que la esperanza — esa pequeña llama que brota en Belén— ilumine nuestras vidas y comunidades. Adviento es espera activa, apertura al paso de Dios que viene, compromiso por construir juntos el Reino que nace en lo pequeño y cotidiano.
En medio de un mundo que a veces parece perder la esperanza, el Evangelio nos recuerda que la verdadera esperanza nace en lo pequeño, en lo humilde, en lo sencillo. En Belén, Dios se hace cercano, camina con nosotros y renueva nuestra confianza en su presencia fiel.
A lo largo de estas cuatro semanas, avanzaremos guiados por cuatro actitudes que nos ayudan a preparar el corazón para el encuentro con el Señor que viene:
- Primera semana: Escuchando. El camino comienza en el silencio que abre el oído y el corazón. Escuchar la Palabra, a los hermanos, al clamor del mundo: ahí nace la esperanza, en la atención amorosa que nos hace reconocer a Dios presente en medio de nosotros.
- Segunda semana: Caminando. La esperanza no es inmóvil. Nos pone en marcha, nos impulsa a salir al encuentro, a construir puentes, a hacer comunidad. Caminamos juntos hacia Belén, sostenidos por la fe y la fraternidad.
- Tercera semana: Esperando. En medio de las prisas del mundo, aprendemos a esperar con paciencia y alegría. La espera cristiana no es pasiva: es una espera que se alimenta de la promesa, que confía en que Dios cumple su palabra y renueva todas las cosas.
- Cuarta semana: Acogiendo. Al llegar a las puertas de Belén, abrimos nuestras manos y nuestro corazón. Acoger a Jesús como el gran regalo de Dios Padre a la humanidad es también acoger al hermano, al pobre, al que sufre, al que busca sentido. La esperanza se hace carne cuando acogemos con amor.



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