• Primera semana: Escuchando. El camino comienza en el silencio que abre el oído y el corazón. Escuchar la Palabra, a los hermanos, al clamor del mundo: ahí nace la esperanza, en la atención amorosa que nos hace reconocer a Dios presente en medio de nosotros.
  • Segunda semana: Caminando. La esperanza no es inmóvil. Nos pone en marcha, nos impulsa a salir al encuentro, a construir puentes, a hacer comunidad. Caminamos juntos hacia Belén, sostenidos por la fe y la fraternidad.
  • Tercera semana: Esperando. En medio de las prisas del mundo, aprendemos a esperar con paciencia y alegría. La espera cristiana no es pasiva: es una espera que se alimenta de la promesa, que confía en que Dios cumple su palabra y renueva todas las cosas.
  • Cuarta semana: Acogiendo. Al llegar a las puertas de Belén, abrimos nuestras manos y nuestro corazón. Acoger a Jesús como el gran regalo de Dios Padre a la humanidad es también acoger al hermano, al pobre, al que sufre, al que busca sentido. La esperanza se hace carne cuando acogemos con amor.